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domingo, 12 de abril de 2020



Como todas las mañanas Óscar se cuadró como el resto de sus compañeros de la UME y enseguida empezaron a sonar las notas del himno de España, interpretado por la banda de la policía municipal de Madrid. 
Para él ese era el mejor momento del día, no solo porque su corazón se llenaba de orgullo al oír las familiares notas que representaban a todos los españoles, sino porque desde hacía dos semanas, junto a una de las columnas de la entrada del pabellón de IFEMA, siempre en el mismo sitio, a menos de metro y medio de él, un grupito de enfermeras se reunían ahí para escucharlo y, en cuanto terminaba, rompían a aplaudir con entusiasmo.
Pero Óscar solo tenía ojos para una de ellas. No sabía si era guapa o fea o si tenía buen tipo; en su opinión, los pijamas de los sanitarios no eran los atuendos más sexis del mundo. Además, llevaba el pelo recogido en un gorro de color verde del que a duras penas escapaba de vez en cuando un mechón castaño oscuro, y la mascarilla le tapaba la mayor parte de la cara. Sin embargo, todas las mañanas, la mirada de Óscar era irremediablemente atraída por los inmensos ojos azules. Unos ojos expresivos en los que podía adivinar las mismas emociones que vibraban dentro de él: miedo, cansancio, angustia y, aunque tenue, esperanza.
El recuerdo de esos preciosos ojos era lo único que le ayudaba a aguantar el resto de la jornada. Desde que los llamaron para enfrentarse a esa terrible emergencia, el trabajo de su unidad había consistido en acudir a la llamada de hospitales y residencias de ancianos para cargar en furgonetas sin distintivos los cuerpos que abarrotaban las morgues; había que dejar sitio a los que morirían ese mismo día. Pese al tiempo transcurrido, no lograba acostumbrarse; el terrible olor se pegaba a él y no podía arrancarlo por muchas duchas que se diera. Llevaba noches durmiendo muy mal, y cuando se despertaba después de sufrir una pesadilla, lo único que le hacía retomar el sueño era el recuerdo de esos ojos azules y la esperanza de volver a verlos a la mañana siguiente.

***

Los ojos de Sandra recorrieron las filas de militares de la UME que escuchaban en posición de firmes el himno nacional y no tardó en descubrir lo que estaba buscando. Era él. Lo reconocería en cualquier parte pese a la mascarilla que le tapaba el rostro. Sin embargo, no era la figura marcial, de hombros anchos y caderas estrechas, que el uniforme ponía de relieve lo que atraía su mirada. No. Lo que la atraía con la fuerza de un imán eran esos ojos castaños que asomaban por encima de la mascarilla en los que, incluso desde donde estaba, podía adivinar la mezcla de temor y agotamiento que ella misma sentía, sí, pero también una dulzura especial y un toque de esperanza.
Las últimas notas del himno se apagaron y aplaudió con ganas. Ese pequeño respiro, justo antes de enfundarse el EPI, dentro del cual hacía un calor insoportable, y ponerse las gafas protectoras que luego le dejaban marcas que tardaban horas en desaparecer, era lo mejor del día. Un día que seguramente no sería muy distinto del anterior y de los otros que los habían precedido. Muerte, enfermedad, lágrimas, tristeza, pero también compañerismo, compasión, esfuerzo incansable y, de vez en cuando, algún pequeño triunfo cuando salían a despedir a un paciente ya curado. Así día tras día, sin tener el consuelo de regresar a casa con la familia. Su padre acababa de salir de una operación a corazón abierto y, por temor a contagiarlo, Sandra había decidido compartir piso con unas compañeras que no vivían lejos del hospital de campaña. Estaba siendo duro, muy duro, pero al menos tenía el consuelo de ver cada mañana esos ojos castaños que parecían comunicarse con ella sin necesidad de palabras.

***

Plaza Mayor de Madrid, Agosto 2020

El camarero no daba abasto, así que Sandra decidió tomar cartas en el asunto.
—Voy a pedir otra caña en la barra, ¿alguien se apunta?
Al instante se levantaron cuatro manos. Sandra miró sonriente a sus compañeros, con los que había ido a tomar unas tapas a una de las terrazas de la plaza y les dijo en tono amenazador:
—Os recuerdo que esta noche tenemos turno, así que será la última.
Sin hacer caso de sus protestas y silbidos, se acercó a la barra. Parecía mentira, se dijo incapaz de dejar de sonreír, después de lo duros que habían sido los últimos meses, las cosas volvían poco a poco a la normalidad. Cierto que ahora casi todo el mundo iba por la calle con mascarilla; que en los restaurantes las mesas estaban más separadas; y que la gente guardaba un perímetro de seguridad en los transportes públicos. Pero era un pequeño precio a pagar por el placer de volver a ver y oír a los niños jugando en los parques. La vida había vuelto de nuevo a las calles.
—Cinco cañas, por favor.
—Cinco cañas, por favor.
El camarero que estaba detrás de la barra levantó las manos en un cómico gesto de rendición.
Divertida, Sandra se volvió a mirar al chico que estaba a su lado y él hizo lo mismo. Entonces, las sonrisas de ambos se congelaron en sus bocas.
Los ojos azules se clavaron incrédulos en los ojos castaños que tenían idéntica expresión de sorpresa. Se quedaron mirándose, casi sin pestañear, hasta que el camarero rompió el hechizo.
—Sus cinco cañas, señorita. Ahora voy con usted, caballero.
—Eres más guapa aún de lo que había imaginado. —Al oír aquel susurro ronco, a Sandra se le puso la carne de gallina.
—Tú también —dijo en voz baja sin dejar de mirarlo.
—Un día ya no volviste. —En la voz grave resonaba algo parecido al dolor.
Sandra lo entendió a la primera.
—Me contagié yo también y tuve que guardar cuarentena.
—He soñado con tus ojos desde la primera vez que te vi.
—A mí los tuyos me ayudaron a conservar la cordura.
Se sonrieron.
—El sábado es mi día libre —dijo él.
—Qué casualidad, el mío también —No era cierto, pero ya se encargaría ella de que su amiga Rita le cambiara el turno, aunque tuviera que sobornarla con la promesa de acompañarla a una de esas soporíferas citas a ciegas a las que era tan aficionada.
—Entonces, el sábado a las once te espero aquí mismo.
—¿No crees que deberíamos intercambiarnos nuestros móviles por si surge algún contratiempo?
Pero él, sin dejar de sonreír de esa manera que hacía que se le acelerara el corazón, movió la cabeza en una negativa.
—No es necesario. ¿Aún no te has dado cuenta?
—¿De qué? —Deslumbrada aún por esa blanca sonrisa, Sandra negó a su vez con la cabeza.
—De que tú y yo estamos destinados a acabar juntos.
Una vez más, los iris azules y los iris castaños se comunicaron sin necesidad de palabras.
Los gritos de sus compañeros y de los amigos de él, impacientes por su tardanza en volver con las bebidas, los arrancaron de golpe de aquel embrujo.
Sin dejar de reír, cogieron las cañas como pudieron y se dirigieron a sus respectivas mesas.
—¡El sábado a las once!
—¡Aquí estaré!
Y aunque ni siquiera le había dicho su nombre, Sandra supo que estaba en lo cierto: aquel atractivo militar y ella estaban destinados a acabar juntos.







sábado, 16 de noviembre de 2019


No suelo discutir en las RRSS de asuntos no relativos a la literatura. Creo, firmemente, que una autora se debería limitar a hablar de sus historias porque su opinión en otros temas no tiene por qué importarle a nadie. Sin embargo, esta vez no he podido resistirme. Hace tiempo que veo que muchas personas escriben en FB unas supuestas declaraciones que atribuyen a algún otro. Suele ser unas declaraciones tan absolutamente fuera de la realidad, que enseguida empieza el linchamiento del personaje en las redes, que es en realidad lo que se va buscando, y la gente acude en manada a soltar la primera barbaridad que se le ocurre. 
A mí, como no soy de creerme lo primero que leo, me gusta ir a las fuentes y no falla: en cuanto encuentro las declaraciones auténticas de ese personaje, me doy cuenta de que sus palabras han sido manipuladas de una forma absolutamente burda. 
La mayoría de los políticos no desean enfrentarse con individuos libres, capaces de pensar por sí mismos, sino que prefieren una masa manipulable a la que conducir como si fuera ganado. Hay que animar a todo el mundo a que abra la mente, a que viaje si tiene la oportunidad, pero, sobre todo, a que lea, que lea mucho (y no solo novelas románticas). Solo así no seremos presa de las famosas «fake news» y podremos sostener nuestras propias opiniones con argumentos y convencimiento. No seamos marionetas en manos de políticos sin escrúpulos; ojalá seamos capaces de no caer en su juego.

jueves, 29 de agosto de 2019

Las vacaciones casi tocan a su fin para la mayoría (snif, snif), así que para evitar el estrés postvacacional os recuerdo que el 24 de septiembre saldrá a la venta en digital y en papel mi nueva novela: Mil campanas. Espero que sea un rayito de optimismo y diversión en medio del agobio de la vuelta a la rutina.

Sinopsis:

Encontrarte con tu primer amor después de un montón de años parece una jugarreta poco elegante del destino; sobre todo, cuando ese «primer amor» te hizo sufrir tantísimo. Sin embargo, Lili no es una mujer rencorosa y acepta seguir viaje con él por California. Eso sí, si algo tiene muy claro en esta vida es que no está dispuesta a convertirse en una de esas patéticas mujeres que tropiezan dos veces con la misma piedra.

A Jaime aún le cuesta creer que la mujer que acaba de rescatarlo de una situación apurada sea la misma que le destrozó la vida hace ya tanto tiempo. Por suerte, él no es un tipo vengativo y movido por la curiosidad —¿por qué los astros insisten en ponerlos de nuevo frente a frente?—, decide pedirle a Lili que le haga un hueco en su caravana. Enseguida, la relación entre ambos recupera la fluidez de antaño, pero si de algo está seguro al cien por cien es de que ese tren hace siglos que pasó de largo, para no volver jamás.

Lo que Lili y Jaime ignoran es que los malos entendidos, el rencor y algún que otro secreto carecen de la menor importancia cuando los dioses se empeñan, con o sin tu consentimiento, en darte una segunda oportunidad.

martes, 25 de septiembre de 2018

El 29 de noviembre, salvo explosión nuclear o similares, saldrá mi nueva novela «El sol sale por el Oeste». Esta vez estará a la venta en Amazon en papel y digital, y en Itunes, Google y Kobo en digital. Aunque es un volumen independiente, os reencontraréis con personajes de otra de mis novelas. Espero que disfrutéis de esta nueva aventura de vaqueros modernos tanto como yo he disfrutado escribiéndola. 


Sinopsis:

Aisha Brooks lleva más de tres años en los que, más que vivir, sobrevive amargada. El accidente de tráfico que la obligó a olvidarse de sus sueños de convertirse en una estrella del ballet ha tenido otros efectos colaterales igual de catastróficos. El último de ellos es que, por decisión de un juez, deberá pasar unos meses en el rancho ganadero de uno de los mejores amigos de su hermano Raff. En un paraje perdido de Wyoming, rodeada de vacas y caballos, de majestuosas cordilleras y de praderas sin fin, aprenderá a vivir de nuevo y encontrará, de paso, algo con lo que ya no contaba: el amor.


¿Puede la combinación del amor y la naturaleza en estado puro sanar las heridas más profundas?




jueves, 22 de marzo de 2018


El 7 de junio saldrá a la venta en Amazon —como siempre en papel y digital— mi nueva novela. Estoy tan ilusionada, asustada, emocionada, aterrada, contenta... como cuando publiqué la primera. Creo que hay ciertas cosas a las que nunca me acostumbraré, aunque también os digo que no cambiaría por nada estos nervios del estreno. Os dejo la portada y la sinopsis. ¡Espero ansiosa vuestros comentarios!


Sinopsis:

Bibi lleva años enamorada de Gonzalo, su nuevo jefe. El típico caso de amor platónico incurable.
Gonzalo, en vías de recuperación tras un desengaño amoroso, ni se imagina los sentimientos de su secretaria.
A Rolo, el amigo de Bibi, le gustan todas y a Taty, la amiga de Gonzalo, no le gusta ninguno.
Irene, la madre de Gonzalo, quiere que su hijo se case con Taty.
Taty también quiere casarse con Gonzalo, aunque no por los motivos correctos.
Gonzalo, en cambio, no quiere casarse con Taty, pero los suyos sí son los motivos correctos.
Lo malo es que Bibi está convencida de que Gonzalo ama a Taty.
A lo que hay que añadir que Rolo abriga intenciones inconfesables hacia la amiga pija de Gonzalo.
Eso sí, Taty pasa millas de Rolo, al que considera un patán sin muchas luces.
Sin embargo, nadie cuenta con el Destino, que ha decidido meterlos a todos juntos en una coctelera y agitar.

Y, aunque parezca increíble, de todo este lío surgirá el Amor Verdadero. El amor que camina a tu lado en lo bueno y en lo malo. 
Ese amor del que no se habla en los cuentos. 

martes, 13 de febrero de 2018


Quiero pensar que los tiempos de la censura ya pasaron, pero con esto del machismo y del feminismo estamos entrando en un bucle que no me gusta un pelo. Me parece muy bien que alguien pueda sentirse ofendido por algo que lee (que se lo pregunten a muchos que leyeron Lolita de Nabokov), pero de ahí a que el primero que pasa venga a decirte lo que puedes escribir o no van varios pueblos.

Buenas noches,
Tras intentar leer tu libro "un bonsai en la toscana" quería comentarte que no he podido terminarlo, el machismo imperante en toda la trama me ha dejado bastante sorprendido, escenas como la de la Venus de Botticelli donde un pintor propone pintar a la protagonista y el personaje masculino ejerciendo posesión patriarcal que casi roza la violencia se lo prohibe, entre otras escenas que han conseguido crispar mis nervios. Como persona feminista te recomiendo que leas y te informes sobre el feminismo pues sería muy recomendable que los escritores y escritoras de ahora dejen de crear personajes que perpetuen la sociedad patriarcal.
Gracias
Atentamente,
Diego

Pues aquí os dejo mi respuesta; la postura que mantengo y mantendré sobre esta cuestión. A quien no le guste ya sabe que, ¡gracias a Dios!, hay un mundo de escritores ahí afuera dónde elegir.

Querido Diego:
Ya sé que ahora está muy de moda este tema, pero te puedo asegurar que no soy una persona que se deje llevar por las modas y, a estas alturas, nadie me va a decir lo que puedo escribir o no, o cómo tengo que escribirlo.
Yo sé muy bien mi postura en este asunto y no tengo por qué darle explicaciones a nadie; el modo en que vivo o cómo educo a mis hijas hablan por mí.
Me parece muy bien que no te haya gustado mi libro y que hayas dejado de leer. Eso es lo bueno de vivir en un país libre, que cada cuál puede opinar y leer lo que le dé la gana. Esperemos que siga siendo así por muchos años; no necesitamos ninguna policía de lo políticamente correcto.
Un saludo,
Isabel


miércoles, 25 de octubre de 2017



Después de pensarlo mucho, he decidido seguir los consejos de las lectoras que me queréis bien y no hacer caso de provocaciones de personas que solo buscan conseguir notoriedad a costa de lo que sea. Confieso que me he tenido que morder la lengua, incluso tenía preparada una contestación en la que rebatía, punto por punto, todas esas afirmaciones ridículas, echando mano de una ironía fina, de esa que hace sangre de forma elegante. Al final, no la voy a publicar, pero me ha servido para desahogarme, poner en orden mis ideas y darme cuenta de que tenéis razón: no merece la pena perder el tiempo en explicar que es muy respetable dar tu opinión, pero que no todas las opiniones son respetables. 
A partir de ahora voy a hacer mías las palabras de mi compañero y gran filósofo, José de la Rosa:
«Ante las reseñas, lo primero que miro es si son objetivas o subjetivas (ya sean para bien o para mal). Si son objetivas, con la mayor humildad, intento ver qué tienen de razón y qué puedo aprender de ellas. De hecho, algunas reseñas me han enseñado errores que yo no veía y me han sido muy útiles. Les estoy muy agradecido. Si son subjetivas para bien, doy las gracias porque me gusta que me quieran. Si son subjetivas para mal ni entro porque ese terreno no lleva a ningún lado».
Y no, no tengo miedo de que este tipo de ataques vaya a hacerme perder lectoras. De hecho, en un post que leí el otro día, una de ellas decía que nadie va a dejar de leer un libro por una crítica negativa sino, simplemente, que no lo va a leer porque, desde el principio, no tenía la más mínima intención de hacerlo. Y no puedo estar más de acuerdo, vosotras tenéis personalidad y madurez más que de sobra para formaros vuestros propios juicios de valor. 
Así que me quedo con lo positivo, con las más de sesenta opiniones de cinco estrellas entre los distintos «Amazones» y, por supuesto, con los innumerables mensajes de apoyo incansable y desinteresado que recibo todos los días, tanto en público como en privado. Mi deseo para el año que viene (y perdonad que me adelante un poco) es que seamos capaces de abrir la mente, dejarnos llevar, y disfrutar de la lectura sin prejuicios y sin perder nunca el sentido del humor. 


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