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lunes, 22 de diciembre de 2014


—¿Recuerdas el día que cociné la receta del plum cake de la abuela? —preguntó con la cabeza apoyada sobre su pecho.
—¡Cómo voy a olvidarlo! Acabábamos de casarnos y tus dotes como cocinera, perdona que te lo diga, dejaban bastante que desear.
Su mujer puso los ojos en blanco.
—Sí, sí, ya sabemos que tú eres todo un Master Chef, pero lo importante es que lo hacía con mucho amor.
—¡Ejem! Estuviste a punto de envenenarme con esa sopa bullabesa el día anterior. ¡Las ronchas que me salieron por todo el cuerpo tenían el tamaño de champiñones, no podía parar de rascarme!
—No seas rencoroso —le dio un suave pellizco—. Me desafiaste a cocinar algo comestible y recordé el bizcocho que preparaba mi abuela. Fácil y delicioso.
En el rostro masculino se dibujó una expresión soñadora al contestar:
—Y yo me ofrecí a ser tu pinche...
—¡Menudo pinche! Tan solo te dije: «pásame la harina» y ahí empezó el apocalipsis. Reconócelo, mientras medías la copita de brandy aprovechaste para pegarte un buen lingotazo.
—¡Falso! —repuso, ofendido—. Me acuerdo bien de lo que ocurrió. Tú estabas de espaldas batiendo los huevos, vestida con unos ajustados shorts vaqueros y un ridículo delantal lleno de encajes. ¡Encajes, por Dios! ¿Tú crees que Arguiñano se viste así para cocinar?
—No eran encajes, ignorante. Es una simple tira bordada.
—Sí, muy simple —replicó, sarcástico—. En fin, reconozco que estaba algo distraído con semejante visión y, de pronto, te diste la vuelta, me asusté y no pude evitar chocar contra ti.
—Claro, soy tan fea...
—Horrorosa —afirmó, al tiempo que depositaba un suave beso sobre sus cabellos castaños—, pero no te preocupes, yo te quiero igual.
—Muchas gracias —hizo una mueca—. Entonces empezaste a desabrocharme la blusa...
—¡Solo trataba de ayudar! Te habías puesto perdida de harina; pero, yo, pobre inocente, no esperaba encontrar debajo el sujetador de encaje más sexy que he visto jamás. ¡Dios! Sujetador negro semitransparente por arriba y delantalito blanco de chica del servicio por abajo; vamos, la fantasía sexual de cualquier tío con un poco de sangre roja en las venas. Fue demasiado.
Mientras hablaba, su mano se coló por debajo de la camiseta de su mujer y empezó a trazar círculos con las yemas de los dedos sobre su costado.
—Imagino que fue por eso que empezaste a manosearme de mala manera —Ella trató de ignorar los poros erizados de su piel.
—¡Manosearte! Era una táctica de distracción.
—Me manoseaste hasta que estuve a punto de dejar caer la masa al suelo —insistió con terquedad.
—¿La misma masa que me diste a probar con uno de tus dedos y que luego limpiaste de mis labios con la punta de la lengua?
—¡Esa misma! Me costó Dios y ayuda meter el molde en el horno y programar la temperatura adecuada.
—No me hables de temperatura —gimió—. Si alguien me hubiera puesto el termómetro en ese momento estoy seguro de que hubiera estallado en pedazos.
—Y fue entonces cuando, como el típico poli de una película americana de serie B, dijiste aquello tan romántico de: «¡El pollo está en horno! ¡Vamos al lío!».
—Y te cogí en brazos... —De nuevo se dibujó en su rostro aquella expresión soñadora.
—Y estuviste tres días quejándote de que tenías las lumbares hechas polvo...
—¡Mentira! —exclamó lleno de santa indignación—. ¡Yo soy de Bilbao y estoy cuadrado!
—Y dejamos hecha un asco la chaise longue que acabábamos de comprar... —siguió ella como si no lo hubiera oído.
—Y qué buenos ratos nos ha dado. Una gran compra —golpeó con la palma el almohadón de terciopelo, satisfecho—. Aunque jamás imaginé el terrible efecto que tendría aquel inocente bizcocho sobre ti. ¡Anda que no has engordado desde entonces!
Despacio, se deslizó hacia abajo, le subió la camiseta y besó la piel de su abdomen, distendida hasta el extremo por un embarazo de casi ocho meses.
—Idiota... —Ella lanzó un suspiro de placer y cerró los ojos, mientras sus dedos se enredaban en los cortos cabellos oscuros de su marido.

Plum cake de la abuela con sorpresa:
Si queréis la receta de este delicioso plum cake la encontraréis en el blog de Mayte Esteban La Biblioteca de Sabores 

AVISO IMPORTANTE: Este plum cake, preparado en compañía de la persona amada, puede producir importantes efectos secundarios en forma de tremenda sorpresa nueve meses más tarde. 

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