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miércoles, 2 de septiembre de 2015


Vaya por delante que, aunque esta es la parte que menos me gusta, procuro documentarme lo mejor posible cuando escribo una novela; sin embargo, es inevitable que en ocasiones una, osea moi, meta la pata hasta la ingle.
Unas veces porque cuando escribimos sobre culturas que no son las nuestras no podemos evitar que asomen ciertos «tics» característicos que, en realidad, no pintan nada ahí; en el caso concreto de Algo más que vecinos, ciertas costumbres más o menos españolas trasladadas a Inglaterra (así, sin anestesia).

"Como santo Tomás, su vecino alargó una mano, rozó con un dedo las pestañas oscuras y, fascinado, comprobó su humedad(...)"
¡¡¡Píiiii, error!!!
Los santos, esos seres más que humanos que forman parte importante de la cultura popular española, no se entienden muy bien en los países protestantes, así que... out!

"Leopold ayudó a Marisa a preparar el pavo de Nochebuena y, en cuanto terminaron de cenar, recibió un caluroso aplauso del resto de los comensales(...)".
¡¡¡Píiiii, error!!!
Los ingleses no celebran la Nochebuena; lo importante es la comida de Navidad y, a pesar de que está cambiando la tradición, suelen preparar ¡GANSO!

¡ATENCIÓN SPOILER!
En un momento dado hay una visita al ginecólogo y yo hablo de una doctora y una enfermera, pero el traductor ha juzgado más adecuado unirlas en un mismo personaje the midwife (la partera), mucho más típico del sistema de salud inglés.

Otras veces el problema viene de no profundizar lo suficiente, mea culpa. Mi protagonista se llama Leopold Gallagher (google/apellidos ingleses/buscar...), pero claro, mi traductor, —muy british él y, por otra parte, una persona encantadora, se encargó de aclararme que «Gallagher» es un apellido corriente de origen irlandés y que, aunque hay ciudadanos ingleses que lo llevan (p.e.: los hermanos Gallagher del grupo Oasis), lo más seguro es que sean descendientes de emigrantes irlandeses, por tanto más bien de clase obrera, por tanto... Abreviando que es gerundio: es muy improbable (por no decir imposible) encontrar una aristocrática familia inglesa con semejante apellido, así que, en la versión in english, mi Leopold se apellida Sinclair.
Con el nombre del mayordomo, Bates, creo que más bien me traicionó el subconsciente; al parecer el mayordomo de Downton Abbey (serie que me chifla) se llama igual, así que ahora mi Bates responde por Saunders.

Lo peor vino cuando, pensando esta vez en el mercado norteamericano, me sugirieron suavizar los rasgos agresivos de mi Leo.

¡¡¿Cómorrrrrr?!!

¡¿Mi gentleman inglés agresivo?!

¡¿Me he perdido algo?!


No, no... me tranquilizaron, no hay violencia manifiesta, pero nosotros, los anglosajones, preferimos evitar cualquier apariencia de agresividad por sutil que sea. (...Vamos que Leopold ya no la agarra, sino que la sujeta y cosas así).


En definitiva, todo el proceso ha sido de lo más interesante y, sobre todo, muy minucioso; pero, eso sí, con lo aficionada que soy a que mis novelas (salvo alguna excepción) transcurran en lugares exóticos que no he tenido la suerte de visitar, y que los protagonistas sean de distintas nacionalidades, me temo que la mayoría estarán llenas de errores de bulto. Solo espero, querid@s lector@s, que tengáis la amabilidad de no tenérmelo demasiado en cuenta. 

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