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domingo, 23 de mayo de 2021



Cada vez soy más consciente de lo distintas que somos las lectoras a la hora de enfrentarnos a una misma novela. Una puede odiar algo que a otra le ha resultado magnífico y, en el fondo, así es como tiene que ser porque ocurre lo mismo en la vida real. 

Sin embargo, en estos tiempos observo que muchas leen profundamente influenciadas por el nuevo moralismo que lo impregna todo. Hay una gran diferencia entre las lectoras que se dejan envolver por la historia y permiten que las lleve hasta donde tenga que llevarlas sin hacer caso de ideas preconcebidas, y las que, desde el minuto uno, están diciéndose a sí mismas: «esto no debería ser así, mal, mal, mal».

Era consciente de que mi protagonista, el marqués de Ravensworth, iba a levantar ampollas (incluso una de mis lectoras cero me había advertido que no había empatizado nada con él); de hecho, si os soy sincera, en estos tiempos en los que la autocensura está a la orden del día, jamás me habría atrevido a escribir una novela contemporánea con un protagonista así; por eso lo he situado en la época de regencia inglesa en la que, mal que nos pese, las cosas eran muy distintas para las mujeres. 

Yo no defiendo a lord Ravensworth; algunas de las cosas que hace me parece completamente censurables y ni siquiera creo que las dolorosas circunstancias de su niñez las justifiquen. Sin embargo, lo que sí que veo en él es una profunda evolución que vendrá de la mano de la protagonista femenina, de ahí el nombre de la novela: Redención. A muchas lectoras les gusta que los protagonistas sean maravillosos desde el minuto uno; a mí como lectora y escritora eso me aburre, quiero ver un cambio a lo largo de la novela. 

Algunas lectoras se han sentido escandalizadas de el comportamiento de Benedict: «borracho, mujeriego, cruel, maltratador, violento, posesivo, dominante...», son algunos de los bonitos adjetivos que le dedican y no les falta razón, pero... lo importante es que al final del libro ya no es así. 

Sin embargo, entonces se escandalizan de que Lillian, la protagonista, lo perdone. Estamos tan acostumbradas a que en las películas y las series la venganza sea uno de los temas estrella, que casi no somos capaces de entender lo grande que es el perdón. Perdonar exige una fortaleza mucho mayor que una simple venganza. 

De mi protagonista femenina dicen algunas lectoras:

«Ni tampoco me gustan las heroínas femeninas que solo destacan por su delicadeza, femineidad y belleza... atributos la verdad que por si solos no constituyen razones suficientes para admirar al personaje desde mi punto de vista».

«La protagonista no era una mujer fuerte, para mí no ha sido así...
Le ha perdonado todo, todito muy rápido».

Sin embargo, otras lectoras son capaces de ver la grandeza de una mujer como Lillian:

«El protagonista, un ser odioso, me fue cautivando poco a poco y ella, mis respetos. Unos personajes fuertes».

«Ella una mujer con un carácter muy tierno y a la vez muy firme...»

Porque parece que si una mujer no pega un par de gritos y suelta unos cuantos tacos no es una mujer empoderada. Pues no estoy de acuerdo; hay muchas que sin recurrir a la violencia, sino con una mezcla de delicadeza y firmeza, como bien dice esta lectora, son capaces de ganar las batallas más difíciles. A mí que no me digan que Lillian no es una mujer fuerte. En las circunstancias más difíciles, no solo no se vino abajo, sino que fue capaz superar el rencor y la amargura a los que tenía todo el derecho, creando un ambiente de felicidad y bienestar a su alrededor. Incluso es capaz de correr a ayudar a la persona a la que más debía odiar en el mundo sin dudarlo y conseguir salvarlo de sí mismo. A mi modo de ver, una auténtica heroína.

En resumen, mi bricoconsejo del día es: déjate llevar por la historia sin prejuicios y disfruta. 



4 comentarios:

  1. No puedo entender tener ciertos prejuicios o sesgos a la hora de leer o ver una película. Es un acto voluntario y se trata de mirar la ficción con mirada curiosa, con ganas de no perderte cosas. A mí me parece igual de estupenda una protagonista fuerte, valiente y que no necesite de nadie más, que otra más frágil y dependiente. ¿No somos así, diferentes? Me parece mucho más valiente perdonar y reparar a quien necesita luz en su vida, que mantener unos principios que nos impidan ayudar a otros a mejorar y encontrar su camino.
    Además, que los personajes evolucionen me parece más interesante que simplemente les pasen cosas pero no les cambie lo que les pasa.
    A mí me está chiflando la novela y que conste que creo que ya miramos las cosas con los sesgos de nuestro tiempo porque yo también pensé "que bien escogida la época para estos personajes".

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    1. Qué bien escribes, Gloria, cómo se nota el fantástico colegio en el que te educaste ;-D Mil gracias por pasarte por aquí a comentar. Un besazo!

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  2. Qué interesante lo que decís. Todo parece ahora estar teñido de la moralina de la corrección política, que no es otra cosa que renunciar a pensar por uno mismo y ver qué hay que decir, cómo hay que sentirse consultando los protocolos que los "expertos" han diseñado para orientar a las pobres masas ignorantes.
    Yo me pierdo en lo que leo, me dejo llevar. Si no lo consigo es porque la novela no me llega a interesar. No concibo leer un libro de ficción como un oficial de la censura, señalando aciertos y peligros conforme lee, viendo sólo los ítems que tiene señalados en la ficha.
    Me lo paso fenomenal con tus novelas porque me pierdo en ellas, y me pierdo en ellas porque dicen cosas que son verdad, porque iluminan aspectos de la experiencia humana y también porque es una lectura optimista, ligera, que derrocha alegría y humor.
    He disfrutado con Redención y estoy esperando a la siguiente de la trilogía.
    Un abrazo grande.
    Mirentxu

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    1. Lo has expresado a la perfección, Mirentxu. Mil gracias por tus palabras y por disfrutar de mis historias. Un fuerte abrazo!!!

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